Verdad y Honestidad

La Biblia enseña que Dios no puede mentir y que su Palabra es verdad (Hebreos 6:18; Juan 14:6). La veracidad es un aspecto clave del carácter de Dios, mismo que Él pide a su creación humana que emule.

Pero la dedicación a la verdad no consiste solo en evitar las mentiras intencionales. Podemos distorsionar la verdad de muchas maneras, desde fallar en verificar los hechos antes de hacer una afirmación o acusación hasta ocultar información inconveniente para reforzar nuestro argumento, sea cual sea. Este tipo de deshonestidad intelectual caracteriza con demasiada frecuencia las relaciones comerciales, la política y las noticias de todo el espectro político; pero también nosotros, como individuos, podemos caer fácilmente en la tentación de ocultar la verdad en beneficio propio.

La hipocresía —cuando nuestras acciones no se corresponden con nuestras palabras— es otra forma de deshonestidad. Jesús solía señalar con frecuencia la hipocresía de los fariseos: ellos clamaban ser piadosos, pero actuaban de manera contraria a su religiosidad aparente. Esa deficiencia caracteriza asimismo a gran parte de la sociedad actual.

Los siguientes pasajes de la Biblia indican que la verdad y la honestidad deben convertirse en valores fundamentales en todo lo que hacemos.

1.

«No darás falso testimonio contra tu prójimo.»

(Éxodo 20:16)

2.

«Seis cosas aborrece el SEÑOR, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que se apresuran a correr al mal, el testigo falso que respira calumnias y el que provoca discordia entre los hermanos».

(Proverbios 6:16-19)

3.

«La balanza falsa es una abominación al SEÑOR, pero la pesa exacta le agrada.»

(Proverbios 11:1)

4.

«Los labios mentirosos son abominación al SEÑOR, pero le agradan los que actúan con verdad.»

(Proverbios 12:22)

5.

«El rey se complace en las palabras de labios justos; ama a quienes hablan con la verdad.».

(Proverbios 16:13, Nueva Traducción Viviente)

6.

«Ustedes son de su padre el diablo, y quieren satisfacer los deseos de su padre. Él era homicida desde el principio y no se basaba en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo propio habla porque es mentiroso y padre de mentira.».

(Juan 8:44)

7.

«Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.»

(Juan 17:17)

8.

«Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra ávidamente, escudriñando cada día las Escrituras para verificar si estas cosas eran así.».

(Hechos 17:11)

9.

«Rechazamos todas las acciones vergonzosas y los métodos turbios. No tratamos de engañar a nadie ni de distorsionar la palabra de Dios. Decimos la verdad delante de Dios, y todos los que son sinceros lo saben bien.»

(2 Corintios 4:2, Nueva Traducción Viviente)

10.

«Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.» 

(Filipenses 4:8, Nueva Traducción Viviente)

11.

«No se mientan unos a otros, porque ustedes ya se han quitado la vieja naturaleza pecaminosa y todos sus actos perversos.»

(Colosenses 3:9, Nueva Traducción Viviente)

12.

«Y recuerden que la paciencia de nuestro Señor da tiempo para que la gente sea salva. Esto es lo que nuestro amado hermano Pablo también les escribió con la sabiduría que Dios le dio,  al tratar estos temas en todas sus cartas. Algunos de sus comentarios son difíciles de entender, y los que son ignorantes e inestables han tergiversado sus cartas para que signifiquen algo muy diferente, así como lo hacen con otras partes de la Escritura. Esto resultará en su propia destrucción.»

(2 Pedro 3:15-16, Nueva Traducción Viviente)

13.

«Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad».

(1 Juan 1:6)

14.

«Si alguien dice: “Yo amo a Dios” y odia a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.»

(1 Juan 4:20)