Qué hay detrás de un nombre?

Los primeros seguidores de Jesús no eran cristianos

El apóstol Pablo «no se convirtió al cristianismo, pues en aquel entonces no había cristianos». Así lo afirmó el teólogo e historiador judío Pinchas Lapide. A simple vista, es una afirmación impactante sobre el hombre al que muchos conciben como verdadero fundador del cristianismo. Es bien sabido que los primeros seguidores de Jesús de Nazaret eran judíos en cuanto a su fe y cultura. Pero ¿se convirtieron en «cristianos»? Sorprendentemente, el Nuevo Testamento utiliza la palabra «cristiano» solo tres veces y nunca se refiere al cristianismo. ¿Qué está pasando aquí y por qué es importante?

Cuando el evangelista Lucas compuso la historia de la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos, usó la palabra «cristiano» no como calificativo con el que se autodenominaban los seguidores de Jesús, sino como modo en que sus detractores se referían a ellos. Por ejemplo, cuando escribió que «los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía», utilizó el término griego Christianoi, término que alude a miembros de un partido político: «los partidarios de Cristo». Había otros partidos similares en aquella época; los Herodianoi, por ejemplo, eran partidarios del rey Herodes y conspiraban contra Jesús. En otras palabras, los detractores decían que los discípulos de Jesús eran seguidores de un hombre que ellos consideraban activista político y rey de Judea.

«Los opositores al movimiento de Jesús en Antioquía aparentemente se burlaban de los discípulos con un nuevo término, inspirado en los partidos políticos romanos: "los partidarios de Cristo" (es decir, del rey de Judea)».

Craig S. Keener, Acts: An Exegetical Commentary

En otro ejemplo, Lucas registró el término Christianoi en boca del rey Agripa, ante quien Pablo se defendía. En su respuesta, el rey dijo que Pablo casi lo había convencido de hacerse cristiano. Una vez más, el uso era despectivo.

En tercer lugar, el apóstol Pedro animó a su audiencia de creyentes a no desanimarse si sufrían por ser cristianos, nombre que ciertos no creyentes les aplicaban.

Entonces, ¿cómo se referían a sí mismos los primeros discípulos? El libro de los Hechos contiene varios términos al respecto: «hermanos», «santos», «creyentes». Y Pablo contrastaba su identidad como seguidor de «El camino» con lo que otros denominaban «secta».

No fue sino hasta finales del siglo II —cuando la iglesia original había desaparecido de la escena— que algunos comenzaron a referirse a sí mismos con orgullo como «cristianos», nombre otrora ridiculizado. Esa palabra pasó entonces a formar parte del lenguaje común. Para ser precisos, lo que hoy se denomina «cristiano» es consecuencia de las creencias y prácticas de ese período posterior, no de la Iglesia original del siglo I. La importancia de utilizar el lenguaje como es debido radica en que los conceptos surgen de dicho uso. Si el lenguaje es incorrecto, impreciso o erróneo, los conceptos y la comprensión que formamos al utilizar ese lenguaje se verán, cuando menos, comprometidos.

¿Qué hay detrás de un nombre? Mucho, en todos los sentidos.

Consideremos que el sábado cristiano, surgido en siglos posteriores, es el primer día de la semana, mientras que la Iglesia original observaba el séptimo día. Reflexionemos sobre el hecho de que el cristianismo define a Dios como un Dios cerrado, trino, de tres personas, pero, como admiten algunos eruditos, el Nuevo Testamento no dice nada sobre el Espíritu Santo como tercera persona. Sin embargo, dice mucho sobre el poder y la mente de Dios, a disposición de quienes Dios llama. Solo después del final del primer siglo comienza a afianzarse el pensamiento trinitario. Considere también que Jesucristo era apolítico, un hombre compasivo centrado en las necesidades de los marginados, dispuesto a hacer el sacrificio definitivo por toda la humanidad, en contraste con quienes mezclan la religión y la política, a menudo para su beneficio personal.

Si seguimos el camino de la iglesia original de Jerusalén y nos basamos en el Nuevo Testamento como fundamento de nuestra fe y práctica, descubriremos rápidamente estas y muchas otras contradicciones entre los «cristianos» de épocas posteriores y los «seguidores de "El camino"».